PRISMA, la asociación que visibliza al colectivo LGTBIQA+ en Ciencia

Hoy en #CienciaArcoíris hablamos con Aitor Villafranca, director del área de Educación de PRISMA, la Asociación para la diversidad afectivo-sexual y de género en Ciencia, Tecnología e Innovación.

Prisma, la asociación que visibliza al colectivo LGTBIQA+ en Ciencia

Aitor Villafranca (@Avillafranca_) investiga sobre dispositivos fotónicos en el Instituto de Óptica del CSIC (Madrid). Desde hace años, colabora en la lucha contra el acoso escolar por motivos de orientación afectivo-sexual e identidad de género a través de COGAM-Educación. En PRISMA, pretende trasladar esta lucha al entorno científico creando entornos de trabajo más seguros e inclusivos, así como ayudando a divulgar todo lo que la Ciencia tiene que decir a favor de la diversidad.

¿Por qué surge PRISMA?

PRISMA surge para luchar contra la discriminación del colectivo LGTBIQA+ en Ciencia, Tecnología e Innovación. A través de la asociación, pretendemos también mejorar la visibilidad de nuestro colectivo en estos campos, y ofrecer un espacio seguro y de acogida para las personas LGTBIQA+ en Ciencia, Tecnología e Innovación (CTI). También fomentamos una perspectiva científica menos sesgada y más diversa, y tratamos de combatir el discurso pseudocientífico con datos y evidencias científicas. Hacemos todo esto desde un espíritu feminista y antirracista, con vocación de incluir un punto de vista interseccional en todas sus prácticas.

¿Cuál es la situación del colectivo LGTBIQA+ en el ámbito científico?

A menudo se asume en Ciencia una objetividad absoluta y una apertura de mente libre de sesgos. Sin embargo, según datos sobre un informe de tres prestigiosas instituciones científicas británicas de 2019, menos de la mitad de gays (44%) y lesbianas (38%) encuestadas estaba total o casi totalmente fuera del armario, mientras que este número descendía hasta el 14% en el caso de personas bisexuales y pansexuales. También se seguían reportando numerosos casos de discriminación laboral, acoso y exclusión, con mucha mayor incidencia en la comunidad trans.

Es importante destacar que mantenerse en el armario es un ejercicio constante de análisis y contención que repercute sobre la productividad y la salud mental, y que salir de él sigue siendo un acto de valentía dada la persistencia de discriminaciones implícitas y explícitas hacia el colectivo. El informe LGBT Climate in Physics de la American Physical Society destacaba que más de un tercio de las personas LGBTQIA+ encuestadas habían considerado abandonar su puesto de trabajo o centro de estudios debido al acoso sufrido o presenciado.

Además, esos datos son para personas que han conseguido dedicarse a la Ciencia, pero perdemos a muchas otras por el camino. La tasa de paro entre personas trans sigue siendo un grave problema estructural cuya solución debería ser una prioridad nacional. Otro ejemplo interesante es que las personas LGTBIQA+ abandonan más las carreras universitarias de ciencias, lo que nos debería hacer reflexionar sobre cómo un clima de LGTBIfobia, incluso sin agresiones físicas, puede afectar radicalmente a nuestra vida.

Un estudio realizado en 2016 concluía que el clima de trabajo parece ser más adverso para todas aquellas personas que no sean hombres heterosexuales, en aquellos ámbitos en los que la participación de mujeres es menor. ¿Qué nos podríais contar al respecto?

En efecto, el machismo y la LGTBIfobia tienen raíces comunes, y por eso la lucha contra ambas formas de discriminación está tan ligada. Otro ejemplo es que en las carreras con más presencia de mujeres, hay también más porcentaje de personas LGTBIQA+ fuera del armario. Es un recordatorio de que no podríamos haber llegado hasta donde estamos sin las luchas feministas que nos precedieron, y de que nunca deberíamos olvidar la perspectiva de género dentro de la lucha queer.

¿Se fomenta la diversidad en la ciencia (española)?

La diversidad es una de nuestras grandes asignaturas pendientes. Recientemente se han multiplicado las iniciativas feministas que luchan por la igualdad de género en este campo, así como por el fomento de las vocaciones científicas en niñas y adolescentes. Queda mucho camino para alcanzar un escenario diverso e igualitario, pero creo que esta lucha feminista marca el camino que debemos seguir desde los movimientos queer.

¿Por qué es importante visibilizar al colectivo científico LGTBIQA+?

En primer lugar, porque nadie toma medidas para solucionar problemas de los que no se habla. Es necesario que seamos visibles para poder reclamar igualdad real en nuestros espacios. En segundo lugar, porque está demostrada la importancia de los referentes a la hora de elegir nuestras carreras profesionales. Por ejemplo, existe una relación directa entre el número de referentes femeninos en el profesorado de un determinado campo, y el número de alumnas que eligen seguirlo. Lo mismo ocurre en el caso las personas racializadas, las personas queer, etc. Siendo visibles hacemos que jóvenes científiques potenciales se animen a seguir este camino. En este contexto, resultan particularmente admirables y necesarios referentes trans visibles en Ciencia como Ben Barnes, Sophie Wilson o Juani Bermejo.

Principales retos del colectivo LGTBIQA+ en el ámbito científico

Los grandes retos que tenemos por delante son la visibilidad y la igualdad de oportunidades, combatir las cifras de todos los estudios anteriores. No obstante, creo que es fundamental priorizar al colectivo trans dentro de esta lucha, por la grave situación actual de discriminación y todas las dificultades estructurales existentes para acceder al sistema laboral general, y a las CTI en particular.

¿Cómo podemos generar entornos científicos más diversos e inclusivos?

Lo primero es informarse, porque es muy difícil tomar medidas sobre algo que desconoces. Después, hay muchas medidas que podemos tomar: convocar seminarios de divulgación, incluir cláusulas antidiscriminación en acuerdos de proyectos, replantear cómo y dónde publicamos ofertas de becas doctorales, analizar posibles sesgos interiorizados en procesos de selección, establecer canales seguros de denuncia de discrimación lgtbfóbica, visibilizar referentes, establecer aseos neutros y formularios administrativos inclusivos… Hay muchas guías disponibles al respecto, como por ejemplo la del proyecto ADIM.

A nivel social, ¿cómo podemos contribuir a la causa?

La Ciencia tiene una responsabilidad hacia la sociedad como fuente de conocimiento que puede llegar a afectar percepciones e incluso leyes. Por ejemplo, la propia Ciencia patologizó durante muchísimo tiempo la transexualidad, e incluso la Organización Mundial de la Salud la catologó como enfermedad hasta 2018. Sin embargo, también fueron entornos científicos, con un cambio de mirada sobre el mismo tema, quienes determinaron que, mientras adolescentes trans patologizados tienen mayores tasas de depresión, ansiedad y suicidio, aquelles aceptades por su entorno no presentan diferencias significativas respecto a individuos cisgénero de la misma edad. Es decir, la Ciencia demuestra que el origen de los estigmas psicológicos asociados a las personas trans no proviene de un problema interno con su identidad, sino que son la consecuencia natural del rechazo y la discriminación externos.

También ha sido la Ciencia la que ha permitido llegar a una situación en la que las personas seropositivas vivan con carga indetectable, y por lo tanto no tengan riesgo de transmitir el virus (aunque como sociedad vayamos con retraso a la hora de liberarnos de estigmas y prejuicios al respecto); o la que debe plantarse contra las terapias de conversión, cuyas terribles secuelas están más que demostradas.

Por último, hacednos un poco de pedagogía:

¿Cuáles son las palabras clave que deberíamos conocer para hablar sobre diversidad (p.e. intersexual, identidad de género, etc.)?

Hay muchos términos importantes, especialmente aquellos cuyas realidades están más invisibilizadas dentro del colectivo, como pueden ser la asexualidad, o las identidades no binarias. También aquellos que hablan sobre las distintas formas que toma la discriminación, como la serofobia, la plumofobia, o la LGTBIfobia interiorizada. Sin embargo, todas estas palabras sirven de poco si no van acompañadas de escucha y empatía hacia esas realidades. Por eso animo, más que a estudiarse un listado, a entrar en cualquier red social y escuchar las historias en primera persona de quienes utilizan esas palabras.

¿Cuál es la sigla más adecuada para dirigirnos al colectivo?

LGTBIQA+ es el término más completo, y pone en primera línea realidades tradicionalmente invisibilizadas como la intersexualidad o la asexualidad. Hay otras versiones más abreviadas, como LGTB+, o términos paraguas como queer que pueden ayudar a hacer un discurso más fluido. Por otra parte, también podemos tratar de integrar lenguaje inclusivo y términos neutros en nuestro discurso.

Muchas veces escucho quejas o burlas respecto a las siglas o el lenguaje inclusivo. De nuevo, yo animo a detenernos antes de hacer esos comentarios, y escuchar un momento a personas que explican en primera persona la importancia que esas palabras tienen para elles. El lenguaje es también una herramienta de cambio, y cada persona debe decidir cómo utilizarla.

Conoce a las personas protagonistas de #CienciaArcoíris. 😉

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