Eduardo López-Collazo, físico nuclear e inmunólogo | #CienciaArcoíris

Hoy en #CienciaArcoíris: visibilizando la diversidad (2ª edición) conocemos a:

Eduardo López-Collazo, físico nuclear y doctor en Farmacia

Soy de un pueblo perdido de la geografía cubana llamado Jovellanos, como el humanista asturiano. Allí monté un laboratorio en el patio de mi casa y un observatorio en la azotea mientras soñaba con descubrir secretos de la naturaleza y responder todas las preguntas. Decía mi madre que la culpa la tuvo una tal Madame Curie. Luego me fui a La Habana para estudiar Física Nuclear, quería entender la relatividad y el mundo cuántico. Pero, al graduarme, la vida dio un giro que me hizo terminar como inmunólogo en Madrid luego de hacer un doctorado en Farmacia en la Complutense y varias estancias en otros países como Alemania, Estados Unidos y Reino Unido. Desde 2013 dirijo el Instituto de Investigación Sanitarias del Hospital Universitario La PAZ. Mi investigación se centra en desvelar los misterios de la metástasis y la sepsis… más ahora el dúo se ha convertido en trío sumándole la COVID-19. Te cuento un secreto que casi nadie sabe, cuando dejo el laboratorio suelo refugiarme en el arte. El cine, la literatura, la danza y el teatro también me alimentan. Hasta hace poco era el crítico de danza en Madrid de una publicación británica, desde hace poco hago lo mismo para El Español… por allí pocos saben que, quien escribe sobre coreografías complicadas escudriña los recovecos de las defensas humanas a la luz del día.

¿Por qué es importante visibilizar el colectivo LGTBIAQ+ en el ámbito científico?

Pertenecer a un colectivo que destaca por su infrecuencia me estimula para visibilizarlo. Somos pocos los científicos en la sociedad y aún menos los científicos LGTB. Mostrarnos es crucial para crear referentes. Por demasiado tiempo se nos identificó con la marginalidad o con un sector profesional muy específico. Sin embargo, estamos en todas partes. Se puede ser gay, como mi caso, y dirigir un centro de investigaciones. Las nuevas generaciones necesitan saber que el techo lo define sus aspiraciones, nunca su orientación sexual.

¿Has sufrido discriminación en tu laboratorio o centro de trabajo? ¿Lo denunciaste?

Por mucho tiempo mantuve en secreto mi orientación, en Cuba natal hubiese sido un freno para cualquier tipo de carrera. Ya en España cambió todo. De cualquier manera, la discriminación aún no se ha eliminado. No es evidente, pero se respira. Sé perfectamente que más de uno y dos han bloqueado mi presencia en comités o grupos de trabajo por mi condición de homosexual. Lo curioso es que esto viene desde todos los lados y hasta quienes se definen progresistas pueden caer en ello. Alguna vez he contado que cuando me fui a casar una investigadora preguntó jocosamente “¿Quién llevaría el traje?”, tiempo después se lo comenté a otro investigador que pertenece al comité de empresa y su respuesta fue: “es que no eres español y no entiendes nuestro humor” evidenciando un matiz xenófobo. Algunos coleccionamos minorías, en mi caso: homosexual, inmigrante y científico. He de reconocer que la última es la que más quebraderos de cabeza me ha dado.

¿Cómo podemos lograr una ciencia más inclusiva?

Es importante que hablemos con naturalidad de nuestra condición LGTB. En cada conversación formal o informal los heterosexuales ponen de manifiesto su estatus en pequeños pero constantes detalles. Debemos hacer lo mismo. No me vale eso de “a nadie le importa con quien me acuesto”. Por ahí se empieza. Luego tenemos que mantenernos alerta frente a las exclusiones, los comentarios y la igualdad de condiciones. Nunca he estado a favor de las cuotas y la discriminación positiva en la ciencia. Creo que es un ámbito donde el valor se aprecia en la excelencia de nuestro trabajo. Sin embargo, debemos estar pendiente de la igualdad de oportunidades, algo que muchas veces se elimina en decisiones tomadas en despachos y mediadas por chistes groseros sobre nuestra sexualidad.

¿Apuestas por la divulgación? ¿Qué te motiva a hacerlo? ¿Cuál es tu formato preferido?

Desde siempre ha sido una máxima, algo que hacía sin proponérmelo, casi por necesidad imperiosa. Mis primeras experiencias como divulgador se remontan a mi niñez. Todo lo que aprendía lo quería compartir con amigos y familiares. En particular mi madre tenía que “soportar” mis explicaciones sobre lo que había comprendido, descubierto o pensado. Por muchas razones me he movido en ambientes alejados de la ciencia, mis amigos por lo general no son científicos y, lejos de mantenerme callado, intento que comprendan lo que hago y su importancia. Luego me brilla el rostro cuando escucho que usan términos como “apoptosis” o “cansancio celular”. Esto lo he formalizado uniendo dos pasiones: la ciencia y la literatura. He escrito 4 libros de divulgación. Una trilogía llamada “¿Qué es…?” y otro sobre la COVID-19. En todos intento mantener una conversación con el lector, como si estuviéramos en una cafetería o en el sofá de mi casa. Son novelas con las que, además, aprendes.

¿Quién es tu científico/a/e favorita?

Madame Curie fue mi primer referente. Luego llegaron otros. Albert Einstein y Rita Levi-Montalccini colman la lista.

Perfiles en redes sociales

Suelo usar mucho Twitter, pero también soy activo en Instagram y Facebook. Es fácil encontrarme: @elcollazo en todas.

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