Conoce Virtua Nostrum, especialistas en el uso de drones para divulgar el patrimonio arqueológico

Con los drones podemos obtener una réplica digital lo más exacta posible de un sitio arqueológico o de un conjunto de edificios históricos.

Otra función podría ser la prospección desde el aire, también mediante imágenes y vídeos, o bien, si cambiamos el tipo de cámara, podremos montar sensores multiespectrales o hiperespectrales que nos ayudan a identificar franjas de luz invisibles al ojo humano. De ese modo es posible la teledetección de yacimientos arqueológicos o la identificación de patologías en edificios.

Nos preguntamos ¿Por qué no realizar pequeños vídeos divulgativos sobre patrimonio con dron? ¿Es posible acabarlos con calidad y que ofrezcan un buen contenido? El resultado, junto al uso de redes sociales y los contenidos en textos de nuestro blog, es Arqueovuelos.


Drones como herramienta de divulgación del patrimonio arqueológico

Hoy en “Charlando con los expertos” conoceremos “Virtua Nostrum”, una empresa especializada en el trabajo aéreo con drones, reconstrucciones en 3D, investigación y divulgación del patrimonio arqueológico. Lo haremos de la mano de ​su creador ​Miguel Fernández Díaz, un arqueólogo experto en nuevas tecnologías aplicadas al patrimonio.

Hola, Miguel, bienvenido a Social Media en Investigación. Cuéntanos cómo nace y qué objetivos persigue Virtua Nostrum.

Hola, encantado de estar aquí y gracias por invitarme. Virtua Nostrum nace como un pequeño proyecto de emprendimiento que parte desde mis inquietudes con la documentación del trabajo arqueológico en campo. El objetivo principal es proporcionar un registro de yacimientos, estructuras o elementos patrimoniales lo más preciso posible a través de lo que conocemos como Nuevas Tecnologías. A partir de esta premisa, también estamos trabajando con el potencial que nos proporcionan dichas herramientas en labores de divulgación del patrimonio.

¿Quiénes formáis el equipo de trabajo?

Actualmente, somos 3 personas. Marta Cuesta Salceda, arqueóloga y especialista en estudio y dibujo de materiales; Javier Mejuto González, arqueoastrónomo y especialista en GNSS, SIG y Astronomía Cultural; y Miguel Fernández Díaz, arqueólogo, especialista en Nuevas Tecnologías aplicadas al patrimonio y piloto de RPAS (drones).

¿En qué consisten las técnicas de arqueología no invasiva para documentar el patrimonio?

Se trata de técnicas o herramientas que no necesitan alterar el bien arqueológico o elemento patrimonial documentado. A veces ni siquiera se requiere entrar en contacto con el mismo, de ahí lo de “no invasivas”. La mayor parte están adaptadas desde el campo de la ingeniería y entre las más extendidas, tenemos técnicas de captura masiva de datos, como la Fotogrametría o el Láser Escáner, el georradar o cualquier tipo de técnica aérea, como las relacionadas con los RPAS, también conocidos como drones.

¿Qué es un dron y cómo funciona?

La sigla técnica para designar a este tipo de aeronaves, tal y como adelantábamos, es la de RPAS (Remotely Piloted AircraftSystem), ya que hace referencia al concepto de aeronave no tripulada y controlada en modo remoto (mediante una emisora). El término más coloquial de dron procede del inglés drone, palabra que se traduce como “zángano” dado el zumbido intenso y continuo que producen los motores de estos aparatos. El dron que normalmente tenemos en mente es el denominado multirrotor, aunque existen otros tipos como los ala fija, con la forma de un pequeño avión. En cuanto a tamaño, los más usados son de menos de 5 kg, en muchos casos menos de 2 kg y algunos gramos en la gama de juguetería. No obstante, existen drones de gran tonelaje y tamaño, como los destinados a uso militar. Los multirrotores se denominan según el número de motores que monten: cuadricóptero, hexacóptero y octocóptero son los formatos más conocidos.

El control de la aeronave, como decíamos, es en modo remoto (el piloto usa una emisora) y la parte clave del dron es lo que se llama placa controladora, que funciona como su “cerebro”, recibiendo toda la información del resto de piezas electrónicas y emitiendo las órdenes oportunas como, por ejemplo, las destinadas a que el aparato se mantenga estable contra los vientos.

¿Cuáles son sus aplicaciones en patrimonio arqueológico?

La función más conocida de estas areonaves es la toma de imágenes aéreas (foto o vídeo), que ya de por sí, al proporcionarnos otro punto de vista, se convierten en una documentación de apoyo al registro terrestre. Pero la cosa no acaba ahí, ya que esas fotografías, tomadas en un orden determinado y con un porcentaje de coincidencia entre las mismas, nos sirven para transformar las imágenes en información tridimensional tras su procesamiento en un software de fotogrametría. El objetivo es obtener una réplica digital lo más exacta posible de un sitio arqueológico o de un conjunto de edificios históricos.

Otra función podría ser la prospección desde el aire, también mediante imágenes y vídeos, o bien, si cambiamos el tipo de cámara, podremos montar sensores multiespectrales o hiperespectrales que nos ayudan a identificar franjas de luz invisibles al ojo humano. De ese modo es posible la teledetección de yacimientos arqueológicos o la identificación de patologías en edificios. Incluso se están montando en drones pequeños dispositivos de láser escáner con el fin de agilizar la toma masiva de datos sobre el terreno.

¿Cuáles son las mayores aportaciones del uso de esta tecnología en este campo?

Todo lo que estamos contando se traduce, sobre todo, en una disminución del tiempo de trabajo a la hora de tomar datos en campo. Además de incrementarse la rapidez, en muchos casos nos sirven para trabajar con mayor seguridad, como por ejemplo cuando debemos inspeccionar cubiertas o edificios en los que hay riesgo de derrumbe. Y por supuesto, todo ello conlleva un abaratamiento de los costes.

Una de las principales críticas sobre el uso de drones es la invasión de privacidad. ¿Cuáles son sus limitaciones de uso y el marco legal que los regula?

Está claro que la polémica está servida en cuanto a ese tema, sobre todo por las malas prácticas que determinados usuarios están llevando a cabo, en la mayoría de los casos incurriendo en la ilegalidad. El vuelo de RPAS está regulado con la Ley 18/2014 (Artículos 50 y 51), que entró en vigor el 15 de octubre de 2014. Actualmente, estamos aún a la espera de una nueva ley que regule el sector de una manera menos restrictiva y mejor pensada, adaptándose al potencial de las industrias y profesionales que están trabajando hoy día. No obstante, estas leyes afectan al espacio aéreo español y tratan sobre cuestiones relacionadas con la seguridad como, por ejemplo, no volar sobre un grupo de personas. En el caso de que alguien sintiera su privacidad invadida, debe recurrir a las leyes imperantes sobre Privacidad y Protección de Datos.

El Ministerio de Cultura de Perú realizó en 2015 el registro aéreo con drones de 375 sitios arqueológicos del país. Los resultados los están usando para investigación, registro catastral y protección y defensa de los sitios, ya que permiten comprobar su estado actual y tomar acciones para su conservación. ¿Por qué esta noticia tuvo tanto eco a nivel internacional? ¿Es extraño ver este tipo de acciones en otros países?

Creo que la noticia tuvo mucha repercusión porque se difundió desde los medios estatales a los internacionales. La cuestión es que el plan está perfectamente elaborado y de momento, su ejecución es modélica. Habrá que ver la continuidad del mismo y los resultados a medio y largo plazo, aunque de momento son esperanzadores.

En otros países, si bien los drones se usan ya en labores similares, no centrados en el patrimonio (trabajos forestales, de cartografía o labores de seguridad), falta dar ese paso y probar a elaborar un plan en esa línea. Aunque claro está, en el caso de España, con la actual regulación, el marco legal es demasiado restrictivo para implantar una estrategia de esas dimensiones. En otros casos, como puede ser el de Reino Unido, los drones han servido para ahondar más en un estupendo plan de teledetección e identificación de yacimientos basado en imágenes aéreas, disciplina en la que siempre han sido pioneros. Dicha labor tiene más que ver con la investigación que con la protección posterior, falta dar un pequeño paso para ver lo mismo por Europa.

Me encanta vuestra serie Arqueovuelos en la que fusionáis drones, divulgación de patrimonio desconocido y redes sociales. ¿Cómo surgió la idea?

Siempre contamos que la idea surgió de una conversación con otros compañeros dedicados también a la “tecnoarqueología”. Estábamos buscando un yacimiento medieval como base para una serie de trabajos de documentación y reconstrucción virtual cuando vimos que casi cualquier castillo de España había sido volado ya con un dron. Esto no significa que los vídeos fueran de calidad y, desde luego, no aportaban nada a nivel divulgativo. En este punto es cuando pensamos: ¿Por qué no realizar pequeños vídeos divulgativos sobre patrimonio con dron? ¿Es posible acabarlos con calidad y que ofrezcan un buen contenido? El resultado, junto al uso de redes sociales y los contenidos en textos de nuestro blog, es Arqueovuelos.

¿Qué otras herramientas utilizáis para divulgar el patrimonio?

Actualmente, Arqueovuelos es nuestra principal apuesta y, como indicábamos, combina un poco de todo. También hacemos uso de visores 3D como Sketchfab para mostrar visitas virtuales de piezas o yacimientos y participamos en actividades divulgativas con comunicaciones, charlas y debates. Podemos adelantaros también que Arqueovuelos entra en una nueva fase ampliada, en la que estamos trabajando y que abriremos a partir de otoño. De nuevo, tendrá que ver con los drones y nuevas tecnologías aplicadas a la divulgación del patrimonio, dando un paso más en el contacto directo con centros de enseñanza, personas con movilidad limitada y tercera edad, entre otros sectores poblacionales. Es decir, ahondaremos en el mundo de la didáctica junta los compañeros de Pequeños Arqueólogos.

¿En qué ha consistido vuestra colaboración en la serie El Ministerio del tiempo?

Ha sido una colaboración conjunta con la Asociación Espacios para la Memoria, de Rivas-Vaciamadrid y no ha tenido nada que ver con nuevas tecnologías, sino con mi labor de arqueólogo para gestionar una elección de escenario y conseguir los permisos de la Comunidad de Madrid con los que poder rodar escenas sobre unas fortificaciones de la Guerra Civil situadas en dicho municipio. Se pueden ver en los primeros minutos de la tercera temporada de la serie. La magia y el buen hacer de los profesionales de la televisión transforma las trincheras en unas secuencias ambientadas en la batalla de Teruel. Desde luego, es uno de los principales medios de divulgación de nuestra Historia y riqueza en materia patrimonial.

¿Cuáles son vuestros planes de futuro?

Actualmente, estamos en una fase que los expertos denominan como “de consolidación”. Por supuesto, queremos seguir creciendo sin perder ni un ápice de la calidad que nos caracteriza, además de continuar sumando tecnologías que nos ayuden en nuestra labor, tanto de documentación y registro como en la divulgación científica del patrimonio.


Foto portada: Virtua Nostrum


Lydia Gil

Documentalista especializada en Información digital y autora de este blog dedicado a descubrir todo el mundo del social media enfocado a la comunidad científica.

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